Así se desarrolla un proyecto en el estudio: desde la primera reunión hasta la entrega de archivos finales, con puntos de revisión claros y expectativas acordadas por escrito.
El proceso de cada proyecto se organiza en fases con entregas concretas. Así sabés qué esperar en cada momento y cuándo conviene tomar decisiones.
Primera reunión para entender el contexto de la marca, el público y los objetivos. Se relevan referencias, materiales existentes y restricciones técnicas. Al cierre de la semana se comparte un documento con el alcance y las preguntas abiertas.
Se desarrollan dos o tres direcciones visuales con referencias de packaging, tipografía y fotografía. Cada propuesta se presenta con un moodboard impreso y una breve justificación. El cliente elige una línea para profundizar.
Iteración sobre la dirección elegida: sistema gráfico, piezas clave y aplicaciones. Se producen maquetas impresas para evaluar textura, legibilidad y presencia física. Cada ronda de ajustes se documenta con comentarios y versiones comparadas.
Verificación de la pieza en contexto real: fotografía de producto, señalética instalada o impresión de prueba. Se corrigen detalles de color, proporción y materiales. El cliente recibe los archivos finales organizados y listos para producción.
Entrega de archivos editables, manual de uso y guía de aplicación para proveedores. Se incluye una sesión de repaso para resolver dudas sobre impresión o implementación. El acompañamiento se extiende dos semanas después de la entrega.
Los plazos se calculan sobre una ronda de ajustes por fase. Cambios de dirección, demoras en la provisión de materiales o decisiones pendientes pueden extender el cronograma. Cada proyecto tiene un presupuesto de iteraciones definido desde el inicio.
Antes de arrancar un proyecto conviene dejar claros algunos puntos: qué incluye cada etapa, cómo se manejan las correcciones y qué esperar de los entregables. Estas definiciones evitan malentendidos y hacen que el proceso sea más predecible para ambas partes.
La primera etapa cubre una reunión de diagnóstico, la revisión de materiales existentes y un documento breve con objetivos, restricciones y referencias visuales. No incluye propuestas de diseño todavía; eso recién aparece en la etapa de exploración, después de que aprobás el encuadre del proyecto.
Cada etapa de diseño incluye dos rondas de ajustes sobre los entregables aprobados. Si después de esas rondas todavía hay cambios estructurales, se cotizan como trabajo adicional. Las correcciones menores de texto o color dentro de una misma dirección visual no se consideran rondas nuevas.
Si durante el proceso aparece una necesidad nueva que modifica el alcance original, lo documentamos por escrito y ajustamos el cronograma y el presupuesto antes de continuar. Preferimos frenar y reencuadrar a avanzar con supuestos que después generan retrabajo.
Los entregables se envían en los formatos que acordamos al inicio: archivos vectoriales, PDF para imprenta, imágenes optimizadas para web y una guía de uso si el proyecto incluye identidad visual. También dejamos una copia de las fuentes utilizadas cuando la licencia lo permite.
Al completar el pago final, el cliente recibe los derechos de uso comercial de los diseños para los fines declarados en el proyecto. El estudio conserva el derecho a mostrar el trabajo en su portafolio, salvo que se acuerde una cláusula de confidencialidad específica.
Cada etapa tiene una ventana de revisión de cinco días hábiles. Si no recibimos devoluciones en ese plazo, el cronograma se corre y las fechas de entrega se ajustan en consecuencia. Esto nos permite mantener un ritmo de trabajo ordenado con todos los clientes activos.