La reputación del estudio se apoya en procesos claros, entregas documentadas y una relación directa con cada cliente. Sin promesas vacías: mostramos cómo trabajamos, qué se entrega y cómo se resuelven las revisiones.
Antes de arrancar un proyecto conviene dejar claras algunas definiciones. Estas notas aclaran cómo entendemos la entrega, la iteración y la propiedad de los archivos.
La entrega cubre los archivos editables y las versiones finales en los formatos acordados al inicio: PDF para imprenta, PNG para redes y los originales de Illustrator o Figma. También se incluye una guía breve de uso con las tipografías, los colores y las medidas principales. Si el proyecto requiere maquetas impresas para validar, el costo de impresión se presupuesta aparte y se coordina con el proveedor que elijas.
Cada etapa del proceso tiene una ronda de ajustes incluida. Eso significa que después de presentar la propuesta inicial, el desarrollo de la identidad o la maqueta final, tenés una instancia para pedir cambios puntuales. Las correcciones que implican rehacer una pieza completa o cambiar el concepto se cotizan como trabajo adicional. Todo queda escrito en el brief para evitar malentendidos.
Una vez que se completa el pago final, la propiedad de los archivos editables y las versiones finales pasa a ser tuya. Nosotros conservamos el derecho a mostrar el proyecto en nuestro portafolio y en redes sociales, salvo que firmemos un acuerdo de confidencialidad. Si preferís que el trabajo no se publique, lo charlamos antes de empezar y lo dejamos asentado en el contrato.
Para impresión, serigrafía o producción de señalética trabajamos con talleres de confianza en Buenos Aires y Rosario. Nosotros nos encargamos de preparar los archivos y de supervisar la calidad del resultado. El contacto directo con el proveedor lo manejamos nosotros para que vos no tengas que traducir especificaciones técnicas. Si ya tenés un imprentero de confianza, también podemos adaptarnos a su flujo de trabajo.
Si durante el proceso aparece una necesidad nueva, como sumar una pieza o redirigir la estrategia visual, lo evaluamos juntos y ajustamos el alcance. Los cambios que agregan trabajo se presupuestan por separado y se suman al cronograma. Preferimos ser transparentes con los costos antes de avanzar que llegar al final con sorpresas. Por eso cada modificación se documenta y se aprueba por escrito.
Lo que cuentan los clientes al terminar un proyecto
No guardamos métricas infladas ni promesas de manual. Acá va lo que dicen quienes pasaron por un proceso de diseño con nosotros, con el detalle del resultado que se llevaron.
Mariana, tostadora de café en Palermo
Necesitábamos que el packaging explicara el origen del grano sin caer en etiquetas genéricas. El sistema de códigos de color que diseñaron nos ordenó toda la línea y el cliente final lo entiende al toque. Las fotos del producto en la cafetería quedaron tan bien que las usamos para la web.
Diego, librería de Villa Crespo
El manual de uso fue lo que más nos salvó. Ahora el equipo arma las piezas para redes sin depender de un diseñador, y la señalética del local tiene una coherencia que antes no existía. Se nota que pensaron el sistema para que lo sostengamos nosotros.
Lucía, coordinadora del centro cultural
El relevamiento de circulación fue clave. Antes la gente se perdía buscando la sala de talleres; ahora los carteles de chapa guían sin competir con la arquitectura. Las pruebas de legibilidad a distancia evitaron errores que hubieran salido caros.
Julián, emprendimiento de accesorios
Arrancamos con un logo y terminamos con un sistema de papelería, sellos y bolsas que le dieron otra presencia a la marca en ferias. Las iteraciones fueron claras: cada ajuste tenía un motivo, no un capricho estético.
Valentina, productora cultural
La dirección de arte para la campaña de lanzamiento nos dio una unidad visual que se sostuvo en afiches, redes y la pieza editorial. Trabajaron con tiempos reales de impresión y nos avisaron con anticipación cuando algo no iba a llegar.